Entrenar la estrategia nutricional

El contenido dejado al azar

24 de agosto de 2020

El plan de entrenamiento nos permite estar en la línea de salida de la carrera que hemos estado preparando durante los últimos meses. Muchas horas de dedicación y sacrificios personales y familiares se esconden en esa ingente cantidad de horas realizadas en el más absoluto anonimato y discreción. Todas ellas sin ninguna duda, son absolutamente necesarias para estar con el nivel físico y la confianza para abordar la competición.

Sin embargo, una vez suena el pistoletazo de salida, todo eso queda en una condición necesaria, muy necesaria e imprescindible añadiría, pero altamente dependiente de dos variables: la planificación estratégica y la gestión nutricional.

La primera serían todas aquellas decisiones relativas a la intensidad del esfuerzo, el equipamiento a utilizar, el enfrentamiento directo con los rivales, cómo realizar los avituallamientos, qué disponer en las bases de vida,… y cualquier otro aspecto que debamos pensar a priori para poder anticiparnos y estar en las condiciones óptimas que nos sitúen en ventaja respecto a los rivales.

La segunda sería tan sencilla como decidir qué comer y beber, cuándo y cómo lo obtendremos (avituallamientos o asistencias).

Y es que es obvio que una gestión estratégica y nutricional excelente no nos exhimen de tener que entrenar como el mejor pero sí que pueden dar al traste con el mejor de los planes de entrenamiento. Cabe añadir además que, a medida que la distancia de la competición se alarga, mayor protagonismo cobra una correcta gestión puesto que las variables se incrementan y las posibles decisiones a tomar también.

Planificación estratégica

Gracias al uso del potenciómetro, la gestión del ritmo se ha simplificado bastante. Teniendo un valor de referencia claro de potencia crítica perfectamente actualizado según los entrenamientos y las competiciones de preparación realizadas, podemos determinar de forma precisa los rangos en que el deportista debe moverse en competición.

Estos rangos vendrán condicionados principalmente por las propias características de la competición (distancia, perfil altimétrico, salida y entrada al primer sendero, dificultad técnica, tramos de correr y tramos de andar,…); el objetivo del deportista (corredor top, medio o finisher) y el momento de la competición con sus especificidades.

Un estudio detallado y la creación del plan a llevar a cabo durante la competición prevendrá de posibles contingencias (que las habrá igualmente) o al menos las minimizará y nos permitirá poder resolverlas mejor. La tranquilidad que obtiene el corredor también ayuda a generar confianza y poder superar la competición de forma más placentera. Es evidente que el propio atleta querrá tomar posteriormente sus propias decisiones en función de las circunstancias, pero al menos, haber imaginado un escenario, ya sirve como marco de referencia.

Esta razón es por la que siempre les digo a mis clientes que la carrera no empieza en la línea de salida del día de la competición sino que ésta se inicia de forma efectiva con el diseño del plan de entrenamiento y sobretodo, durante las dos semanas previas o días previos, cuando ya empezamos a sentir esa presión en el cogote que nos hace dormir poco y mal.

La gestión estratégica debe realizarse siempre antes de cualquier competición y en ella debemos tener claro el objetivo que queremos alcanzar y por la que participamos, en qué rangos de intensidad debemos fluctuar a lo largo de ella y decidir cualquier otro aspecto que sea susceptible de tener varias opciones a escoger.

Los corredores más experimentados quizás piensan que no lo necesitan pero en realidad ya lo hacen. Uno tiene un plan en la cabeza producto de experiencias anteriores y adaptaciones que ha ido aprendiendo a lo largo de los años y de ahí que haya un automatismo que parezca que no necesitan el plan, pero como decía, lo tienen.
Igualmente, una persona que ha corrido la misma competición año tras año también puede creer que no lo necesita y nuevamente y en realidad, seguro que internamente hace las adaptaciones necesarias al plan primigenio con los sucesivos aprendizajes.

Por todo ello, merece la pena prestar atención a las condiciones de la competición y trazarse un plan para cada una.

Gestión nutricional

Salir a una carrera sin tener en cuenta la gestión nutricional vendría a ser como si Fernando Alonso saliera a correr las 24 horas de Le Mans sin conocer con exactitud los consumos de su vehículo y cómo tiene que hacer, en cantidad y frecuencia, para poder repostar.

Por ello, es importantísimo saber los consumos del organismo y cómo poder compensar ese consumo y pérdidas. Cabe enfatizar la gran complejidad que esconde esta simple frase. El cuerpo humano es mucho más complejo que el motor de un vehículo y como tal debemos conocer exactamente las particularidades de cada persona asociadas a unas condiciones de ejecución.

Por poner un ejemplo, algo tan «simple» como la hidratación, es muy diferente en función de si estamos compitiendo en una etapa de la Pierra Menta (esquí de travesía), en el tramo de carrera del Ironman de Hawaii (triatlón), una ultra en pleno verano en los Alpes o un swimrun en el archipiélago sueco. Si además le añadimos la variable de la comida, podemos alcanzar a percibir la gran dificultad que engloba todo ello y lo necesario que puede ser un buen asesoramiento por parte de un o una nutricionista.

No tener en cuenta todo esto nos puede llevar a resultados inferiores a los esperados, insatisfacción, sufrimiento físico y psicológico e incluso lesiones graves que nos pueden conducir a la muerte (no exagero, la hiponatremia y deshidrataciones severas ¡matan!).

Por todo ello, es más importante gastar unos pocos euros en una consulta a un profesional que en un casco aero, unas llantas de carbono o una mochila nueva ultraligera. Los potenciales beneficios que obtendremos de esa inversión son mucho más rentables que las ganancias marginales del material. Y eso sin tener en cuenta los riesgos para la salud en caso de hacerlo muy mal. En este caso, el beneficio está fuera de toda duda.

Y es que el profesional, no sólo nos va a ayudar a educar nuestra nutrición en el día a día, sino que nos mostrará qué opciones tenemos para competir posteriormente y nos introducirá esos productos en los entrenamientos. Ciertamente vendría a ser como un contenido más de entrenamiento al igual que los prescritos por el preparador físico. De este modo, uno tampoco deja al azar ese aspecto tan importante que será determinante en el resultado final.