Minimalismo y técnica de carrera

4 de enero de 2016

Continuando con la temática del artículo anterior sobre el calzado minimalista y cómo aprovechar este material para ser mejores corredores, a menudo oigo a los fanáticos/descubridores del minimalismo hablar de la consecución de ciertas horas de entrenamiento o ciertos recorridos descalzos o con zapatillas minimalistas. Como objetivo creo que tiene un punto de masoquismo. Al fin y al cabo, el objetivo real de cualquier corredor ¿no sería hacer un recorrido con la mayor eficacia?

Planteado el debate yo me inclino personalmente por esta segunda tendencia, la de hacer un recorrido más rápido o hacer un recorrido con menor fatiga, que viene a ser lo mismo pero dicho de otra manera. Desde este punto de vista, y tal y como justifiqué en el artículo anterior, el minimalismo no es una finalidad en si mismo sino un medio para conseguir lo que, a mi juicio, si es el objetivo que debe perseguir cualquier corredor, que no es otro que correr mejor para correr más y más rápido.

Implosión al minimalismo

El camino más habitual para llegar al minimalismo empieza con la compra de una zapatilla de este tipo en una tienda de deportes por recomendación de algún amigo, la lectura de un foro en Internet, un libro o haber oído algo al respecto y tener curiosidad para ver qué es esta tendencia.

El paso siguiente es salir a correr para probar a ver qué tal van y si no somos personas prudentes, hacer el entrenamiento habitual o lo que teníamos programado cambiando de zapatillas y quedándonos tan anchos.

Sin temor a equivocarme, la secuencia continua con un dolor muy intenso en los gemelos, la planta del pie dolorida y una visita obligada al fisioterapeuta porque con estiramientos no conseguimos relajar la zona.

Una vez superados los problemas, hay dos caminos:

  1. Dejar para siempre las zapatillas en un rincón de nuestro armario y echar pestes de ellas.
  2. Volver a entrenar con ellas pero tomando ciertas precauciones para evitar que vuelve a suceder la sobrecarga.

La situación descrita anteriormente describe perfectamente lo que es el método de aprendizaje conocido como la implosión, que no es otra cosa que enfrentarse «a la brava» a algo nuevo y desconocido.

No dudo de la utilidad del sistema, ya que muchas personas han aprendido a nadar de esta guisa (empujón al borde de la piscina y… hópala! por arte de magia uno ya sabe nadar o como mínimo mantenerse a flote). Sin embargo, en el camino puede que se hayan quedado unos cuantos con terror al agua o en nuestro caso, lesiones en forma de contracturas, roturas, fascitis,… y no volver a aprovechar una herramienta que, como dije, puede ser beneficiosa.

Méjora de la técnica de carrera y progresión al minimalismo

Si el objetivo que perseguimos es una buena técnica de carrera para luego conseguir correr con zapatillas más ligeras, con menos amortiguación y mayor sensibilidad y así poder mejorar nuestro rendimiento hay que empezar por el principio: reaprender a correr.

Una zona ajardinada con césped en cualquier parque de nuestra ciudad, un campo de futbol con césped artificial, el centro de una pista de atletismo, la playa,… son sitios válidos donde poder trabajar descalzos y sentir sin filtros el tacto y la respuesta del suelo.

Para no aburrir con ejercicios y explicaciones técnicas, os pongo un enlace muy útil que os servirá para poder desarrollar una buena técnica de carrera. Ojo! Con precación! Sino vuestros gemelos protestarán.