28 de diciembre de 2015

A buen seguro, todos aquellos corredores trail que tengan sus orígenes deportivos en el atletismo les hará gracia los encendidos debates a favor y en contra del minimalismo. Y es que en el atletismo de competición no se concibe otra zapatilla que no sea minimalista. De aquí el subtitulo del artículo, ya que las “modernas” zapatillas minimalistas son como aquellas viejas zapatillas de clavos de toda la vida que teníamos cuando éramos pequeños, pero sin clavos.

Minimalismo, ¿Permanentemente?

El debate entre llevar zapatillas minimalistas o no es a mi entender estéril. Y es que no se trata de llevar una zapatilla que sea lo más ligera y plana posible o con una suela que nos “acerque espiritualmente” a nuestros ancestros paleolíticos. Estamos hablando básicamente de protección, eficiencia y rendimiento en lo que compete al elemento externo (las zapatillas) y de técnica de carrera en el elemento interno (el deportista).

La función principal del calzado es la de protección. La suela de la zapatilla debe proporcionarnos una barrera física que evite las lesiones provocadas por la erosión continua a la que sometemos al pie debido al terreno por el que nos movemos. Es evidente que terrenos más accidentados requerirán de una protección mayor. Pero no sólo estamos hablando de la piel y las heridas más superficiales sino que la protección también debe ser de los microtraumatismos provocados por el impacto constante de los huesos del pie con el suelo así como las irregularidades punzantes del terreno que nos pueden generar lesiones en zonas concretas del pie de larga y difícil curación.

Es muy importante entender que a lo que nos referimos hasta este punto no trata de mecánica sino simplemente de protección frente al medio agresivo sobre el que aplicamos millones de kilos en cada carrera para conseguir impulsarnos y avanzar hacia delante.

En cuanto a la protección de la parte superior del pie es evidente que no es tan importante como por la parte inferior pero no deja de ser relevante como más agresivo sea el medio por donde nos movemos ¿A quién no le ha caído una piedra en el empeine en el descenso de zonas pedregosas? Cabe decir que en la parte superior el protagonismo de la protección debe ser compartido con otros conceptos como la transpirabilidad/impermeabilidad, la durabilidad, la estabilidad en el eje anteroposterior o el diseño y la estética.

Dejando de lado el objetivo primario de la protección, el calzado deportivo nació con el objetivo secundario de mejorar la eficiencia y el rendimiento. Aquí si hablamos de mecánica y por tanto, de la forma como nos ayuda la zapatilla (o como mínimo, no nos perjudica) a poder desarrollar una técnica de carrera correcta y sostenerla durante toda la duración del entrenamiento o la competición.

Así pues, a la pregunta planteada inicialmente sobre la permanencia del minimalismo en todos los entrenamientos y todas las competiciones, la respuesta es claramente que no. La zapatilla debe protegernos de los elementos externos y también debe protegernos de la fatiga.

Ante los casos extremos de correr en un terreno pedregoso lleno de guijarros debemos optar por un calzado con una suela menos minimalista ya que a medida que nuestra planta vaya sufriendo los rigores del terreno perderemos eficacia corriendo debido a que minimizaremos nuestra impulsión.

Igualmente, cuanto más larga sea la distancia a correr menos minimalista podrá ser el calzado ya que cuando aparezca la fatiga y perdamos la capacidad de amortiguación deberá ser el calzado quien tome el relevo ¿quién no conoce la sensación de pisar huevos en la parte final de una ultra y sentir que en cada impacto nos tiembla hasta la mandíbula?

El hábito no hace al monje

En los debates a los que hacíamos referencia sobre el minimalismo, no hay nada más apropiado que este conocido dicho. Y con esto desmontamos uno de los argumentos de los partidarios del minimalismo. No por llevar unas zapatillas minimalistas vamos a conseguir una técnica de carrera impecable. La técnica de carrera se trabaja independientemente del calzado que se lleve.

La pista de atletismo es más que una pista de tartán de color rojo anaranjado de 8 o 10 calles con una longitud en la parte interna de 400 metros. En su parte interna se desarrollan todas las disciplinas de saltos y lanzamientos (amén que algún que otro partido de futbol) y se erige en una zona de trabajo muy valiosa donde todos los corredores han tenido el primer contacto con el minimalismo.

En la iniciación deportiva en atletismo uno se harta de los skipings, del ruso, de los segundos de triple, de la rana, del skiping por detrás, de los arrastres, de los saltos verticales de tobillo, del trabajo de braceo,… y todo esto realizado descalzo en la zona interna de césped de la pista de atletismo.

Complementando al trabajo específico de técnica, también se suelen hacer rodajes descalzo dando vueltas por la parte interna de la pista o bien progresivos y carreras de velocidad en la diagonal del campo.

Si el medio lo permite hay entrenadores que también aprovechan la playa u otras zonas fuera del recinto de la pista donde es menos aburrido que dar vueltas y que permitan correr igualmente descalzo.

Finalmente, las series con las zapatillas de clavos acaban de formar el espíritu minimalista que todos los corredores llevan dentro.

Todo este trabajo es imprescindible ya que se consigue un desarrollo de las habilidades técnicas del movimiento natural de correr y permite el reforzamiento de músculos y tendones de las zonas donde se produce la transferencia de fuerzas entre el suelo y los músculos que generan el movimiento, favoreciendo así los logros deportivos.

Es obvio que cuando estos corredores salen de la pista para realizar rodajes más largos y utilizan zapatillas con mayor amortiguación y mayor ángulo de caída no dejan de correr con el apoyo y la cadencia correcta y en definitiva ejecutar la técnica de carrera correcta.

Entonces… ¿Técnica de carrera o minimalismo?

Seguramente a todo el mundo le resulta familiar ver tablas, pullboys, palas o aletas de diferentes tamaños en el borde de una piscina. Con este material se realizan infinidad de ejercicios educativos para enseñar y mejorar la técnica de natación y ejercicios de entrenamiento para incrementar la eficiencia de la propulsión y corregir la posición. La natación, por su elevado componente técnico es uno de los deportes en que más material se utiliza (y no por lo aburrida como piensan algunos) pero el resto de deportes no quedan exentos.

Los partidarios del minimalismo tienen su argumento más sólido en la reeducación de la técnica que genera el hecho de cambiar del típico calzado de corte tradicional a las zapatillas minimalistas más o menos radicales del mercado. Nada que decir que sea contrario a este argumento, por tanto, aprovechemos la posibilidad que nos ofrece trabajar con este material y hagamos un trabajo controlado, programado y regulado con las zapatillas minimalistas.

Si a los corredores de atletismo que se hartan de dar vueltas descalzos por el césped del interior de la pista les ofreces la posibilidad de hacer lo que más les gusta sin las limitaciones del tartán y los beneficios del trabajo son los mismos, el minimalismo es una buena opción.

Si además de los rodajes, no hace falta ir a la pista de atletismo o volverse loco buscando un terreno con césped y se pueden hacer los ejercicios de técnica en otros sitios gracias a las zapatillas que nos ofrecen una protección superior que el pie descalzo, el minimalismo también es una buena opción.

Si nunca hemos corrido descalzos ni hemos hecho técnica de carrera y nos ponemos a correr con minimalistas pero lo hacemos controladamente, de forma programada a nivel de carga e intensidad y teniendo claro los objetivos, el minimalismo es muy buena opción para obtener cambios técnicos y mejorar nuestra impulsión y amortiguación natural.

Si combinamos diferentes tipos de zapatillas minimalistas, desde las más radicales tipo five finger o menos tipo New Balance, Inov o Merrell, con zapatillas tradicionales adaptándonos a la duración, intensidad, recorrido y tipología del terreno, las zapatillas minimalistas pasan a ser un potente medio de entrenamiento.

En cambio, si utilizamos las zapatillas minimalistas para todo, de forma descontrolada, sin saber qué hacer ni qué llevar a la hora de competir, sin trabajar la técnica de carrera de forma específica, sin ser progresivos, forzando el dolor porque “uno tiene que acostumbrarse”, haciendo del minimalismo una religión y despreciando las bondades del calzado más tradicional; las minimalistas no son una buena opción puesto que en el peor de los casos derivarán en una lesión y en el mejor no habrá mejora porqué los entrenamientos se verán mermados a trabajar la intensidad a velocidades inferiores de las que potencialmente podríamos debido a la minimización del impacto que inconscientemente todos buscamos cuando vamos «casi descalzos».