Un punto de inflexión

Reflexiones acerca de los cambios necesarios

4 de abril de 2020

Hace unos días expresaba mi preocupación en redes sociales acerca de lo que va a pasar ahora cuando volvamos a cierta normalidad. Mi reflexión era la siguiente:

«Muchos dicen que después de este «castigo colectivo» tendremos la oportunidad de cambiar las cosas para revertir la dirección hacia donde la humanidad se dirigía.
Mi preocupación y duda es que seamos capaces de hacerlo. Y ya no tanto por una cuestión de voluntad sino por falta de liderazgos y desconocimiento individual de cómo hacerlo.»

Antes de continuar ahondando en ello, me gustaría aclarar sin embargo que mi visión sobre todo esto no es tan simplista como pensar que el karma, un ser superior todopoderoso o algo o alguien nos ha mandado una advertencia para que cambiemos el rumbo y que este rumbo es tan fácil de cambiar reciclando más, reduciendo los desplazamientos en avión, jugando más con nuestros hijos y cocinando más sano con productos de proximidad (entre muchísimas otras más cosas).

Como especie, estamos inmersos en un proceso de escala temporal demasiado grande como para ser conscientes de ello y que algún día concluirá con nuestra extinción. El universo y la naturaleza tiene sus reglas y equilibrios y poco se puede hacer para modificarlos. Es inexorable que la Tierra va a ser literalmente engullida por el sol cuando se convierta en una estrella gigante roja, aunque cuando esto ocurra, probablemente ya no estaremos aquí.

De todos modos, mi objetivo no es ofrecer una visión apocalíptica que nos hunda más el estado de ánimo. Tampoco es escribir con una aura de «iluminado» que gracias al virus ahora vamos a cambiar todos y esto será la leche.

Ni somos tan importantes ni hay nadie que se ocupe de mandarnos estos recados. Estamos en este punto porque el azar nos ha llevado a él. Y sí, el azar nos lo hemos buscado nosotros, con una presión demográfica insostenible azuzada por un hambre voraz de los recursos naturales para sostener un crecimiento infinito. Pero esto es sólo un punto en nuestro time-line como especie en que el estrés es progresivamente acelerado hasta que la evolución dicte su sentencia.

En lo que sí que estoy de acuerdo, o al menos me gustaría pensar por lo que supone en cuanto a mejora de la vida de las personas, es ver esta crisis como una oportunidad de cambio y un punto de inflexión.

Pensando a nivel global, el desánimo puede ser total. La crisis generada por la situación es tan brutal (por rápida, inesperada y profunda) que no ha habido tiempo para que nadie ni ninguna organización haya pensado en un futuro. Y ya se sabe, lo que no sueñas, no puede suceder.

Pensar en lo que sí se puede cambiar es ciertamente más alentador. Buscar en nuestro entorno más cercano y ámbito profesional lo que queremos para el futuro es una buena forma de ponerse manos a la obra y generar ese movimiento colectivo necesario para ir cambiando las cosas.

Porque mi preocupación era que una vez pasara todo esto, ¿cómo íbamos a reaccionar? Lo fácil es volver a lo que funcionaba antes. Por inercia, por desconocimiento de cómo hacer las cosas de forma diferente, por miedo, porque todo está pensado para «esa manera»,… en definitiva, por no haber soñado en cómo se puede hacer en el futuro. Aprovechando que tenemos tiempo, ¿no sería un buen momento para ir pensando en ello?

¿Soñamos?

Que nadie se preocupe en este ámbito porque abogue por una eliminación de las competiciones y que nos dediquemos sólo a las actividades participativas, colaborativas, sin clasificaciones y de carácter únicamente lúdico. No. La actividad física tiene sus diferentes manifestaciones y como tales hay que continuar promocionando desde el deporte de base, hasta la actividad física con un objetivo de salud, pasando por el deporte de alta competición.

Sin embargo, y después de todo esto que ha pasado, me gustaría imaginar que mucha más gente pueda hacer actividad física de forma regular en su día a día, que encuentren su espacio y su momento para estar consigo mismos y con su cuerpo. Que no regresen a los viejos hábitos, procrastinando nuevamente su entrenamiento y con ello, desechando la oportunidad para sentirse mejor con uno mismo y por ende, con su entorno.

Me gustaría imaginar también que se recupera la actividad física desde el punto de vista utilitario, como transporte. ¿Cuántos de vosotros estáis utilizando el ascensor ahora? ¿Quién es capaz de desaprovechar el placer de moverse para subir y bajar las escaleras para ir a tirar las basuras? ¿O de ir andando a la panadería de la esquina en la que, por cierto, no entrabais desde que compráis el pan en el supermercado?

La actividad física para los desplazamientos es oro puro. No se me ocurre mejor manera de hacer deporte que yendo y volviendo de casa al trabajo. Este simple acto genera tantos beneficios que no tenerlo en cuenta me indigna profundamente. Sólo los países del norte de Europa más avanzados lo promocionan. La excusa del mal tiempo no cuela señores. Si ellos lo hacen, aquí también y más ahora con las bicicletas con asistencia eléctrica.

Para conseguir esto sólo hay que soñar en aparcamientos seguros para las bicicletas y duchas en el trabajo, entre otras posibles mejoras y cambios para promocionarlo. Y el efecto se amplifica en incremento de la productividad laboral, reducción del gasto en la seguridad social, mejora de los hábitos nutricionales, reducción de la contaminación en las zonas con mayor densidad de población,…

En relación a la actividad física por la salud, sueño con una cosa tan simple como un asesor especialista en el mismo centro de atención primaria, trabajando codo con codo (ahora más que nunca) con el médico de cabecera. Este especialista debería ser capaz de administrar la actividad física a cada persona, atendiendo a sus necesidades y posibilidades y ser capaz de motivarlo mediante las herramientas que tenga a su alcance.

Esta atención no debería tener sólo un carácter reactivo ante enfermedades derivadas de la inactividad sino que la prevención mediante la proactividad del médico tendría que ser algo habitual.

En el ámbito educativo sueño que los padres puedan erigirse como buenos modelos en relación a la actividad física y la salud. El trabajo que se hace en las aulas es muy parco si el niño o la niña no tiene un buen modelo en casa en relación a la práctica habitual de actividad física. Igualmente, es reducido en cuanto a tiempo si no tiene posibilidades de hacer actividades físicas fuera de la escuela. Si también aplicamos la actividad física como transporte en niños, niñas y jóvenes podemos equilibrar esa falta de actividad.

En el ámbito competitivo reconozco que no sé qué soñar todavía. Sólo sé una pocas cosas sobre las que deberíamos plantearnos el futuro y son: la aberración de los salarios que se cobran en algunos deportes, que a veces se hacen unos viajes demasiado largos para estar muy poco tiempo en un sitio compitiendo y que gastamos muchos recursos para ir con todo a las competiciones. Habría que ir pensando cómo hacer con esto también.

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